¿Por qué sigo aferrándome a las canciones?

Hay un común denominador en la mayoría de mis poemas, la mayoría habla de canciones; aquellas que son solo tuyas, aquellas que son nuestras, aquellas que son mías y otras, que tienen otro destinatario. Las canciones que hablan de ti, siempre son las mismas, son aquellas que cuando me las presentaste, quedaron ahí, en mi retina, en mi parte sensorial y auditiva del cerebro y que cuando tengo nostalgia de ti, las escucho en bucle. Hay otras canciones que hablan de aquel amor de vida, esas que me hacen llorar en noviembre pero que el resto del año me hacen … Continúa leyendo ¿Por qué sigo aferrándome a las canciones?

Trabajar entre la vida y la muerte

Trabajar entre la vida y la muerte a veces es una cosa desafiante, va más allá de lo que una persona piensa o cree; es más, si no trabajas en salud, no puedes dimensionarlo. El martes nos enfrentamos a una lucha. Si bien, a veces ocurren sucesos que te marcan, cuando alguien que tú conoces, que has compartido con ella, es la que está luchando entre la vida y la muerte, tienes dos opciones o dar lo mejor de ti para salvarla o ponerte a llorar para después, independiente del desenlace recriminarte no haber hecho nada. Sigo repasando cada segundo … Continúa leyendo Trabajar entre la vida y la muerte

Dueles

No sé cómo comenzar, mi que decir, quizás la confusión de mis sentimientos no ayuda en estos momentos, pero necesito sacarlos de mi cabeza, aclarar las ideas, maldecirte, odiarte. Me siento enojada, ofuscada, dispuesta a odiarte más que a quererte, pero no puedo, no puedo simplemente odiarte u odiarla, porque se supone que las mujeres tenemos que tener sororidad la una con la otra, pero con ella no puedo. Los límites de la razón traspasan y siento que no la puedo respetar. Siento celos, celos infundados que están en mi cabeza y no los puedo sacar. Tengo miedo, mucho miedo. … Continúa leyendo Dueles

Mi lucha secreta

Recuerdo que hace unos 6 años, me atormentaba pesar más de 45 kilos, si me pasaba de esa cantidad, me angustiaba, dejaba de comer muchas cosas y solo bebía más té (porque odio el agua). Mi amiga era la bascula de peso, me sentía feliz si pesaba 42 o 43 kilos, incluso, si pesaba 41 kilos era feliz, según lo que recuerdo. Hasta que un día, mi peso incrementó hasta llegar a los 47 kilos. ¡Me sentía fatal! Cómo se me había ocurrido subir tal cantidad de kilos. Recuerdo que odiaba mi peso, más allá de como me veía, odiaba … Continúa leyendo Mi lucha secreta