
La vida se ha encargado de separarnos,
de guiarnos por distintos caminos,
de no cruzarnos,
ni siquiera
cuando nuestros corazones se buscan,
se extrañan
y lloran por el otro.
La vida se encargó
de no seguir el curso de nuestra historia,
de romper lazos,
de no alimentarnos
de falsas ilusiones.
La vida se ha encargado,
de que las miradas no se crucen,
de que las manos no se entrelacen
para que no suframos…
otra vez.
La vida se encargó
de ser lo suficientemente inteligente,
para no volver a reunir en esta vida,
quizás en la próxima,
nuestro amor…
pueda triunfar.
