
Nuestra cafetería sigue ahí, en el mismo lugar en donde un día nuestros corazones quedaron atrapados sin salidas y nuestras manos se soltaron para siempre.
Todo sigue igual en aquella esquina, los jardines, la cafetería, la vida, los autos pasar, solo nosotros cambiamos, huimos, nos alejamos de lo que creíamos correcto, porque tuvimos miedo, siempre tuvimos miedo.
Nuestra cafetería sigue ahí, esperando que tal vez, en algún momento, el calendario regrese a aquel día en donde salimos corriendo y nuestras manos vuelvan a estar entrelazadas y nuestros corazones vuelvan a latir siendo solo uno.
