
Seguías siendo inalcanzable el día que rocé tus dedos
el día en que me perdí en tu mirada
y nuestros labios formaron un tsunami
en tierra firme.
Seguiste siendo inalcanzable en las noches venideras
en los veranos calurosos,
en los inviernos nevados,
en las primaveras florecidas
y en los otoños que desnudan,
las copas de los árboles.
Sigues siendo mi sueño inalcanzable,
del que a veces despierto,
con tintes de tristeza en mis ojos,
con el corazón desbordado en mi pecho
y la respiración acelerada.
Seguías siendo inalcanzable,
incluso,
cuando ya éramos un «nosotros»
y todo era un caos a nuestro alrededor.
