
Aprendiste a capturar momentos,
cuando estaba aún dormida
y no sabía si eras real o no.
Aprendiste a desvestirme con la mirada,
a reconocer mis gestos,
a leer mi lenguaje corporal.
Fuiste aprendiendo
cada cosa que me molestaba,
cada instante que quería capturar,
cada día triste.
Fuimos aprendiendo
a respetar silencios,
a las miradas cargadas de pasión;
y cómo estrellar nuestros cuerpos
en la superficie del edredón.
Fuiste aprendiendo conmigo
y yo contigo,
sobre todo, aprendimos
a hacer el amor.
