
Te vi en medio del escaparate
te veías radiante,
distinto,
sonriente,
feliz.
Invoque tu nombre,
lo dije en voz baja
– o eso pensé –
y te giraste,
nuestras miradas se cruzaron
y deje de respirar
– otra vez -.
Te miré,
mi mano en acto reflejo te saludó
y tú ahí,
sonriente,
en calma,
devolviste el saludo;
una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo
y mis mejillas se sonrojaron.
Deje de respirar,
otra vez.
