
Nuestra historia de (des)amor
ya tenía la fecha de vencimiento
escrita en nuestras pupilas.
Ni los besos serían infinitos,
ni los te quiero serían eternos
ni tu boca ni la mía
bailarían continuamente.
Seríamos polizontes,
simples títeres
de un amor casi correspondido,
gastado por las mentiras,
los falsos recuerdos,
los falsos besos.
Seríamos títeres
de un amor que no tenía las medidas exactas,
no la cordura para detener el caos
que ello conllevaría.
Nuestra historia de (des)amor
ya traía la caducidad,
las lágrimas de despedida
y los silencios incómodos
incorporado en lo que sería
la mezcla perfecta
entre fatalidad y amor caducado.
