
La tristeza siempre me embarga
justo a las 3:33 de la madrugada
cuando mis ojos son una tormenta,
el pecho duele tan solo respirar
y mis manos te buscan
entre las sábanas revueltas.
Sigo acunándome en tu lado de la cama,
recordando como sabían tus besos,
el camino silencioso que hacían las yemas de tus dedos,
desde el vértice de mis caderas
al costado de mis senos.
La tristeza me embriaga,
es como un trago amargo
que solo te deja aturdida y borracha
y no quieres que la resaca,
la maldita resaca
termine a la mañana siguiente,
porque llorar es calmar el alma
pero dejar adolorido al corazón.
Sigo despertando
a las 3:33 de la madrugada
buscándote entre mis recuerdos,
pero tú,
tú ya no estás.
