
Contigo era feliz,
de una forma extraña,
casi hermanable;
pero cuando estábamos juntos,
el mundo no me hacía daño.
Contigo siempre sonreía,
siempre era primavera,
hasta que me dejaste,
soltaste mis manos
y te aferraste a las de ella;
y me borraste de tu vida,
me aniquilaste los recuerdos,
te convertiste en el verdugo
de nuestro cuento de hadas,
que jamás imaginé,
que podría terminar;
y terminó,
roto,
herido
y olvidado por ti.
