
No sé cómo comenzar, mi que decir, quizás la confusión de mis sentimientos no ayuda en estos momentos, pero necesito sacarlos de mi cabeza, aclarar las ideas, maldecirte, odiarte.
Me siento enojada, ofuscada, dispuesta a odiarte más que a quererte, pero no puedo, no puedo simplemente odiarte u odiarla, porque se supone que las mujeres tenemos que tener sororidad la una con la otra, pero con ella no puedo. Los límites de la razón traspasan y siento que no la puedo respetar. Siento celos, celos infundados que están en mi cabeza y no los puedo sacar.
Tengo miedo, mucho miedo. Miedo al rechazo, a quererte y que tú no me quieras, a que todas tus palabras fueron solo mentiras, que me creí, que pensé que eran ciertas y quizás, jamás lo fueron.
Llevas días ausente, sin mensajes, sin llamadas, sin saber de ti. Me frustra. Odio frustrarme pero tú tienes esa capacidad de hacerme aflorar sentimientos que tenía ocultos. Odio ver que apareces en otros lados y no en mi vida, odio no tenerte cerca, vivir a kilómetros de ti, a no saber si estás bien o no. Odio controlar mi temperamento y no explotar, no saber si puedo abrazarte después de la tormenta o lo que siento es una tormenta con tintes de huracán.
Llevo días queriendo contactarte, confesarme, decir que te quiero, pero me frustra no ser capaz de hacerlo.
Soy cobarde, lo sé, siempre lo he sido. Revelar mis sentimientos no es mi fuerte, me da miedo el rechazo, más de lo que crees, y aun así, pienso confesarme a ti.
Es caótico pensar que puedo pensarte pero no decirte, no saber siquiera de ti.
Dueles, siempre dueles.
