
Sigues rondando en mis sueños, no sé si serás real o simplemente eres parte del paisaje agregado. Te veo desde lejos, estás ahí, te veo reír y el corazón se me acelera lo suficiente como para que me falte el aire.
Los cristales de la ventana están empañados, trato de limpiarlos dejándote un mensaje en clave, de esos, que solo tú podrías entender. Sonríes y mi corazón, se vuelve a detener.
– ¿Lo sigues queriendo? – me pregunta mi madre de forma lejana.
– Sí – respondo con la voz un tanto quebrada.
– ¿Y por qué no te acercas a él? – vuelve a preguntar.
– Porque dolerá aún más – le contestó.
Siento su mano haciéndome cariño en mi cabello. Logro despertar por fin. Mi almohada está mojada, mi pecho duele y mi voz no sale.
– Te oí llorar – confesó mi madre – por eso vine a verte y ayudarte a despertar.
– Aún duele verlo en mis sueño – confesé.
– Lo sé cariño – dijo mi madre mientras me abrazaba.
Aún lo extrañaba y verlo rondar en mis sueño era despertar en medio de la noche llorando tratando de traerlo de vuelta a la vida.
